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Tema: El metilfenidato, una droga de moda

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    El metilfenidato, una droga de moda



    El metilfenidato, una droga de moda



    El metilfenidato es una sustancia de moda debido a su uso para el tratamiento de niños con Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). Sin embargo, no siempre está justificado.

    Juan Carlos Ruiz Franco | Revista Cannabis Magazine | Hoy a las 0:32 | 42 lecturas

    www.kaosenlared.net/noticia/metilfenidato-droga-de-moda






    Niños medicados, mejor controlados


    Primera parte
    En nuestra sociedad el deseo de sentirse mejor, de disfrutar y divertirse, de rendir más mediante la ingesta de estimulantes es bastante habitual, y de ahí la popularidad de los productos excitantes, unos tan habituales y suaves como el café o los refrescos de cola, y otros de mayor potencia, como la cocaína o las anfetaminas. Algunos deportistas, por su parte, utilizan la efedrina, los anabolizantes, los beta-adrenérgicos y otras sustancias ergogénicas. En este artículo vamos a hablar sobre un fármaco que está de actualidad por su empleo en una (supuesta) enfermedad y para fines recreativos.
    Nos referimos al metilfenidato, una sustancia de moda gracias a que se prescribe para el tratamiento de niños con Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH)1. Pero no es esa su única indicación: se emplea para combatir la narcolepsia, problema que consiste en caer dormido durante el día sin poderlo evitar, muchas veces sin previo aviso. También se utiliza en algunos tipos de depresión y para combatir la obesidad (como anorexígeno). Y no podemos olvidar su uso recreacional ?solo o combinado con otras drogas?, donde no siempre abunda la prudencia.

    Bart Simpson, niño hiperactivo
    Para entrar en materia hablando de cosas divertidas, confieso que me encanta la serie de los Simpsons (¿a alguien no?), con esos personajes y esas historias que describen fielmente lo que ocurre en nuestro mundo. Matt Groening demuestra ser un verdadero artista al reflejar la vida cotidiana de la familia norteamericana media con altas dosis de humor. Entre todos los capítulos mi favorito es aquel en que al inquieto Bart se le prescribe un fármaco para que deje de ser tan travieso y pueda concentrar su atención con el objetivo de aprender y ser alguien en la vida2. El medicamento se llama Focusyn, clara alusión al Focalin ?una presentación comercial de metilfenidato que se obtiene mediante una modificación del popular Ritalin3?, con un nombre más atractivo aún por haberlo derivado de focus (?concentrarse?, en inglés). Nuestro pequeño gamberro se convierte, gracias a la droga, en todo un ?cerebrín? activo y ocupado. Sin embargo, poco después comienzan los efectos secundarios: paranoia con manía persecutoria.
    Resumiendo el contenido del capítulo, el director Skinner organiza un simulacro de incendio en el colegio, coyuntura aprovechada por Bart para liar una de las suyas. Después, el director llama a los padres del niño ?Homer y Marge? para hablar con ellos e informarles de la travesura. Tras describirla y mostrar a los padres la nefasta influencia de Bart en clase, Skinner da su diagnóstico: ?No podemos escapar a la verdad. Bart muestra un caso típico de Síndrome de Déficit de Atención, que induce a los niños a hacer travesuras y distraerse... Señora Simpson, me temo que tendré que expulsar a su hijo, a no ser que acepte probar una nueva droga poco ensayada y potencialmente peligrosa, llamada Focusyn?. Así pues, Skinner, como si de un experto psiquiatra se tratara, diagnostica al niño de hiperactividad y recomienda que tome un medicamento para la supuesta enfermedad. Tras una visita al laboratorio y la consiguiente negativa de Bart ?quien dice no querer consumir drogas? Marge le convence para que ingiera la medicación, con lo que su conducta mejora inmediatamente: presta atención en el colegio, respeta a sus padres, lee, estudia y aprovecha el tiempo al máximo. Sin embargo, pronto comienzan los efectos secundarios (y no se trata de la broma que gasta a su madre: ?estoy sufriendo algunos efectos secundarios por culpa de la droga, los huevines no me caben en los calzoncillos?, dice mientras tiene metidos dos bultos redondos en la parte delantera de los pantalones), sino que se vuelve paranoico y cree que la Liga de Béisbol Profesional realiza espionaje y controla las mentes por medio de satélites. Los médicos recomiendan que deje el fármaco, pero Bart se niega, ingiere varios puñados de pastillas y huye. Después llega a un cuartel del ejército y roba un tanque, con el que irrumpe brutalmente en Springfield, su ciudad. Se dirige al colegio, apunta hacia él con el cañón y, cuando todo el mundo piensa que va a destruirlo, dispara al cielo y derriba un satélite de la Liga de Béisbol, repleto de datos confidenciales. Al poco aparece Mark McGwire, famoso bateador de las décadas de los 80 y 90 quien, en lugar de explicar el asunto del espionaje, distrae a la gente con su destreza bateadora y esconde los datos bajo su gorra4.
    El genial Matt Groening, crítico mordaz de la sociedad actual, lanza varias puntadas interesantes para el tema que nos ocupa. En primer lugar, el diagnóstico lo da el director del colegio, como si una persona sin formación médica pudiera hacerlo. Una de las críticas contra el empleo del metilfenidato en niños inquietos es que la hiperactividad no cuenta con una base biológica clara, como debe tenerla cualquier enfermedad. Consiste en la observación del comportamiento del niño, en la realización de unos tests y en unas pruebas neurológicas poco concluyentes. En realidad, muchos diagnósticos psiquiátricos no se fundamentan en datos verificables. El Síndrome de Down es una enfermedad genética; la esquizofrenia parece tener un fundamento biológico, aunque no se conozca su mecanismo por completo; igual sucede con el autismo, el retraso mental y otros problemas. Sin embargo, no ocurre lo mismo con la hiperactividad, la depresión o la ansiedad, en las cuales no es tan evidente el factor fisiológico, o bien los factores ambientales y de aprendizaje tienen mucho peso. Una de las razones por las que Thomas Szasz afirma que la enfermedad mental es un mito consiste en la ausencia de pruebas objetivas que permitan catalogar los trastornos psíquicos como enfermedades reales5. Por esa razón la hiperactividad no llega a esa categoría, sino que se considera un síndrome; y por eso mismo es discutible la utilidad de la prescripción de fármacos.
    Otra pulla del autor de los Simpsons es la aparición de efectos secundarios cuando se consumen medicinas para problemas psiquiátricos, una terrible plaga a la que no se da importancia porque se trata de drogas toleradas por el sistema y recetadas por la clase médica. El número de personas afectadas por efectos adversos de psicofármacos es mucho mayor que por drogas psicoactivas. Sin embargo, los problemas iatrogénicos no reciben la atención que merecen y se les considera algo menor y sin relevancia, mientras que cualquier intoxicación por psicoactivos dispara el clásico alarmismo en los medios elevándose a categoría de noticia.
    Por cierto, un dato de interés para los melómanos: el título original del capítulo es Brother?s Little Helper (?El pequeño ayudante del hermano?), una alusión a la canción de los Rolling Stones Mother?s Little Helper (?El pequeño ayudante de la madre?), grabada en 1965, incluida en el álbum Aftermath, de 1966, y que trata sobre el abuso de tranquilizantes por parte de las amas de casa6: ?Los niños son diferentes hoy en día, oigo decir a todas las madres / La madre necesita algo que la tranquilice / Y aunque no está realmente enferma, hay un pequeño comprimido amarillo / Va corriendo al escondite del pequeño ayudante de la madre / Y él le ayuda en su tarea, en su agotadora jornada / Doctor, por favor, unos cuantos más / Tras salir por la puerta tomó cuatro más / ¡Menuda droga! ¡Se está haciendo vieja! / La vida es mucho más dura hoy, oigo decir a todas las madres / La búsqueda de la felicidad parece un rollo / Y si tomas más tendrás una sobredosis / No más carreras hacia el escondite del pequeño ayudante de la madre / Sólo te ayudó en tu tarea en el ocupado día de tu muerte?.
    Los seguidores del grupo no se ponen de acuerdo sobre si se referían al Nembutal7, un barbitúrico (pentobarbital) que viene en pequeñas pastillas amarillas, o bien a la marca más conocida de diazepam, también de ese mismo color (que no citamos directamente porque se comercializa en España8). Quizá se refirieran al diazepam ?aunque por esas fechas sólo llevara un par de años en el mercado? ya que el Nembutal, a pesar de ser ya en aquella época un fármaco antiguo, por sus características es menos probable que pueda ayudar a un ama de casa a realizar sus tareas, sino más bien a dormir o quedar fuera de combate. Dicho sea de paso, el pentobarbital es una de las sustancias que tomaba Marilyn Monroe antes de ser encontrada muerta.

    Farmacología
    Pasemos a los datos farmacológicos. El prospecto del nombre de marca más conocido de metilfenidato dice que es un estimulante débil del sistema nervioso central, con efectos más marcados sobre las actividades mentales que sobre las físicas. Continúa admitiendo que no se conoce bien su mecanismo de acción, pero se cree que consiste en bloquear la recaptación de noradrenalina y de dopamina y en incrementar la liberación de estos neurotransmisores en el espacio extraneuronal. No está clara la forma en que ejerce sus efectos mentales y conductuales, ni tampoco cómo estos efectos se relacionan con el sistema nervioso central9.
    Es cierto que el metilfenidato es más débil ?a igual dosis? que estimulantes clásicos como la metanfetamina o la cocaína. La afirmación de que su efecto es más mental que físico parece dudosa, ya que la estimulación es generalizada para todo el sistema nervioso central, no específica para alguna parte del cuerpo, y menos para la ?mente?, esa supuesta entidad inmaterial o conjunto de procesos cerebrales que origina nuestra conducta, pensamientos, deseos, etc. El comentario sobre el mecanismo de acción (?bloquea la recaptación de noradrenalina y dopamina en la neurona presináptica, e incrementa la liberación de estas monoaminas en el espacio extraneuronal?) confirma que se trata de un estimulante.
    Pasemos ahora a las indicaciones reflejadas en el prospecto. El metilfenidato se prescribe para el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) en niños de más de seis años y adolescentes, como parte de una estrategia terapéutica global, cuando otras medidas correctivas se han mostrado insuficientes. No obstante ?aclara el prospecto?, el tratamiento con metilfenidato no está indicado en todos los niños que presentan este síndrome, y la decisión de administrarlo debe estar basada en la evaluación completa de la gravedad y cronicidad de los síntomas del niño en relación con su edad.
    De la posología diremos poco para que nadie piense que recomendamos el uso de fármacos que se dispensan con receta. Como es habitual en todo medicamento que se toma por primera vez, se comienza con una dosis pequeña y se aumenta gradualmente hasta alcanzar la cantidad óptima, intentando mantenerla tan baja como sea posible. En general, no es recomendable superar los 60 miligramos diarios. En niños hiperactivos se empieza con 5 miligramos una o dos veces al día, y se incrementa la dosis si es necesario. Los pacientes con problemas de sueño deben hacer la última toma antes de las cuatro de la tarde. Para la narcolepsia la dosis media es de 20 a 30 miligramos diarios, administrada en 2 ó 3 veces diarias.
    En cuanto a los posibles efectos secundarios, los más frecuentes son nerviosismo e insomnio, que se controlan reduciendo la dosis o no administrando el fármaco demasiado tarde. También hay casos de anorexia transitoria, molestias gastrointestinales, sequedad de boca, taquicardia, palpitaciones, arritmia, hipertensión, urticaria y fiebre. Otras reacciones adversas son: dolores de cabeza, mareo, discinesia (movimientos anormales e involuntarios) y tics verbales. Raramente o muy raramente se presentan: presbicia (vista cansada), visión borrosa, hiperactividad, convulsiones, calambres musculares, corea (movimientos involuntarios de partes completas del cuerpo), psicosis tóxica, síndrome neuroléptico maligno, aumento de las transaminasas hepáticas, ligero retraso en el crecimiento, depresión transitoria y anemia.


    Referencias:
    1.Sobre el Trastorno por Déficit de Atención por Hiperactividad (en inglés): http://www.nimh.nih.gov/health/publi...lication.shtml
    2.Capítulo ?Brother?s Little Helper?: http://es.wikipedia.org/wiki/Brother%27s_Little_Helper
    3.Sobre el Focalin y el Ritalin: http://www.pharma.us.novartis.com/product/pi.jsp
    4.Guion del capítulo en http://www.snpp.com/episodes/AABF22
    5.Szasz, Thomas: El mito de la enfermedad mental. Círculo de Lectores. En Internet: http://szasz.com/
    6.Web del álbum Aftermath:http://www.godgammeldags.nu/rolling/stones/aftermath/. La canción ?Mother?s Little Helper? puede oírse en http://www.youtube.com/watch?v=j3Hf_OclE8U, en un vídeo con imágenes sobre la historia del grupo
    7.Sobre el Nembutal:http://en.wikipedia.org/wiki/Nembutal
    8.http://www.rocheusa.com/products/valium/
    9.El metilfenidato en el vademécum médico:
    http://www.hipocrates.com/vademe/bus...medica=RUBIFEN




    Segunda parte
    Continuamos con el metilfenidato. En la entrega anterior empezamos a hablar sobre él y nos centramos en la presentación comercial más conocida, la que se suele recetar a los niños con Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). Este producto es de acción rápida y sus efectos duran de tres a seis horas, por lo que debe tomarse al menos dos veces al día, de forma que coincida con el tiempo en que el sujeto está realizando actividades. Además de esta presentación estándar existe la de liberación sostenida, que se consigue gracias a un sistema que aporta de manera inmediata cierta cantidad y gradualmente el resto, con lo que el efecto se prolonga durante doce horas. Según dice el prospecto de la marca más popular1, el primer paso consiste en la disolución de la capa exterior. La tableta contiene otras dos capas, las cuales se disgregan posteriormente, con una concentración máxima en sangre de seis a ocho horas después de haber ingerido el medicamento. Por tanto, la ventaja es que reduce las fluctuaciones en la concentración de la sustancia en el organismo. Asimismo, el intento de control de los síntomas de la hiperactividad se efectúa con una dosis diaria que se toma en casa antes de comenzar la jornada, lo cual es mucho más cómodo.
    Además de las dos marcas que hemos citado, existe otra en la que del metilfenidato se ha dejado sólo el isómero activo (el dextro-metilfenidato o dexmetilfenidato), con lo que -al menos en teoría- puede emplearse una dosis más pequeña, con menos efectos adversos posibles. De los dos isómeros, el dextrógiro y el levógiro, el primero es el que presenta la mayor parte de las propiedades terapéuticas, por lo que el segundo se elimina. Si el lector recuerda la entrega del mes pasado, a Bart Simpson le recetaban Focusyn, nombre inventado que hace alusión al Focalin®2, marca del dextro-metilfenidato en Estados Unidos. No obstante, los estudios realizados parecen indicar que este fármaco no ofrece nada nuevo. Por un lado, los niños medicados con él no muestran mejoras respecto a los que toman el metilfenidato tradicional; y por otro, si el isómero inerte no servía de nada, entonces la cantidad de estimulante que recibe el niño no varía y los posibles efectos secundarios son también los mismos3.

    El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad
    Una vez descritas las presentaciones usuales de este fármaco, volvemos ahora a la hiperactividad, la supuesta enfermedad para la que se prescribe. Niños traviesos, revoltosos, desobedientes o distraídos los ha habido siempre, y todos sabemos que en su gran mayoría son producto de un ambiente poco apropiado o de una educación incorrecta o descuidada por parte de los padres. Sin embargo, en la actualidad, cuando un niño se muestra demasiado inquieto, despistado o rebelde se tiende a pensar que padece el síndrome de Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad, denominado hace décadas ?disfunción cerebral mínima? y ?síndrome hipercinético?. Sus síntomas son4:
    ·Falta de atención. Se considera el síntoma principal y se manifiesta especialmente en las actividades consideradas aburridas, como por ejemplo las escolares.
    ·Facilidad para distraerse -consecuencia de la falta de atención- que puede tener causas muy diversas: estímulos visuales y auditivos, sensaciones corporales, la propia imaginación...
    ·Impulsividad: actuar sin pensar en las consecuencias de lo que se hace. Los niños considerados hiperactivos hacen lo que se les ocurre sin pensar en los resultados, lo cual les conduce a situaciones difíciles.
    ·Hiperactividad: actividad exagerada. Son niños que no paran, que no pueden estar quietos, sentados y callados, sino que en todo momento tienen que estar expresándose físicamente: hablando, moviéndose.
    ·Impaciencia: no saben esperar cosas que necesitan cierto tiempo, no pueden soportar la demora. Lo que quieren, tienen que conseguirlo en ese mismo momento.
    ·Labilidad emocional: no parecen tener término medio, sino que, o bien están muy alegres y no paran de decir y hacer gracias, o bien están enfadados, cogen rabietas y se ponen agresivos.
    ·Desobediencia: olvidan las normas de conducta, o las ignoran debido a su impulsividad e impaciencia.
    ·Problemas de adaptación social: tienen dificultades para encontrar amigos porque su temperamento les lleva a ser rechazados. Se les cataloga como niños difíciles, lo cual implica mala inserción social.
    ·Desorganización. Suele suceder porque olvidan lo que tienen que hacer. También porque poseen poca noción del tiempo.

    La Biblia
    de los psiquiatras
    Si acudimos al DSM-IV5 (Diagnostic and Statistical Manual), la cuarta versión del prestigioso manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, publicado por la Asociación Psiquiátrica Americana, la hiperactividad se incluye entre los ?trastornos de inicio en la infancia, la niñez o la adolescencia?, y dentro de éstos en los ?trastornos por déficit de atención y comportamiento perturbador?, apartado que incluye ?el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, que se caracteriza por síntomas manifiestos de desatención y/o de impulsividad-hiperactividad?. Dice el DSM que ?los sujetos afectos de este trastorno pueden no prestar atención suficiente a los detalles o cometer errores por descuido en las tareas escolares o en otros trabajos (...) Los sujetos suelen experimentar dificultades para mantener la atención en actividades laborales o lúdicas, resultándoles difícil persistir en una tarea hasta finalizarla. A menudo parecen tener la mente en otro lugar, como si no escucharan o no oyeran lo que se está diciendo?. Continúa diciendo que los hiperactivos pueden comenzar con una tarea, pasar a otra e incluso a una tercera, sin terminar ninguna de ellas. Muchas veces no siguen instrucciones ni órdenes, y tienen dificultades para hacer los deberes escolares. Consideran desagradables las tareas que exigen un esfuerzo mental sostenido, por lo que experimentan aversión hacia tales actividades, y lo mismo si conllevan organización o concentración. Sigue la descripción hablando de que ?los sujetos que sufren este trastorno se distraen con facilidad ante estímulos irrelevantes e interrumpen frecuentemente las tareas que están realizando para atender a ruidos o hechos triviales que usualmente son ignorados sin problemas por los demás, por ejemplo el ruido de un coche o una conversación lejana?. También comenta que suelen ser olvidadizos, que no parecen capaces de estar quietos, que no dejan de moverse. En cuanto a las situaciones sociales y de interacción con otras personas, ?los déficits de atención pueden expresarse por cambios frecuentes en la conversación, no escuchar a los demás, no atender las conversaciones y no seguir los detalles o normas de juegos o actividades?. En lo que respecta a la impulsividad, ésta ?se manifiesta por impaciencia, dificultad para aplazar respuestas, dar respuestas precipitadas antes de que las preguntas hayan sido completadas, dificultad para esperar un turno, e interrumpir o interferir frecuentemente a otros hasta el punto de provocar problemas en situaciones sociales, académicas o laborales?. Hacen comentarios fuera de lugar, que no tienen que ver con la conversación, inician conversaciones en momentos inadecuados, interrumpen excesivamente a los demás, tocan cosas que no debieran y hacen payasadas. Además, ?la impulsividad puede dar lugar a accidentes y a incurrir en actividades potencialmente peligrosas sin considerar sus posibles consecuencias?.
    Como vemos, esto no es más que una descripción de la conducta de niños poco adaptados, difíciles o problemáticos. No hay nada que indique que se deba a un desequilibrio interior, y por eso el TDAH se considera un síndrome, no una enfermedad. El mismo DSM reconoce que ?no hay pruebas de laboratorio que hayan sido establecidas como diagnósticas en la evaluación clínica del trastorno por déficit de atención con hiperactividad. En algunos grupos de sujetos con trastorno se ha observado que ciertas pruebas que requieren procesamiento mental persistente ponen de manifiesto rendimientos anómalos en comparación con sujetos de control, pero todavía no está definido qué déficit cognoscitivo fundamental es responsable de este fenómeno?. También reconoce que no hay características físicas asociadas a este trastorno, aunque pueden darse concomitantemente algunas pequeñas anomalías; ?por ejemplo hipertelorismo, paladar ojival, implantación baja de los pabellones auditivos, con una frecuencia superior a la observada en la población general?. En consecuencia, no existe base biológica demostrada para este trastorno. No creo que se atrevan a decir que presentar hipertelorismo (ojos muy separados), el paladar estrecho o las orejas en posición más baja de lo normal tenga relación con el TDAH.
    La vaguedad y subjetividad del diagnóstico se ven confirmadas cuando repasamos los criterios que establece el DSM para tal fin, que consisten en la persistencia de conductas poco apropiadas durante al menos seis meses, como por ejemplo no prestar atención, no seguir instrucciones, distraerse, exceso de movimiento, inquietud, hablar demasiado. En caso de que se sospeche hiperactividad, pero no se observe un número de criterios suficiente, el mismo DSM ofrece la solución: diagnosticar con trastorno por déficit de atención con hiperactividad no especificado. Lo importante es diagnosticar e incluir en alguna categoría patológica, no se vaya a escapar un cliente potencial.

    Neurotransmisores y estimulantes
    A pesar de todo esto, muchos psiquiatras dicen que, aunque el origen del TDAH es todavía desconocido, se sabe que no es producido por problemas ambientales, familiares o sociales, sino que es altamente genético (el 75% de la causa se atribuye a la genética) y se origina por mal funcionamiento de neurotransmisores -dopamina y noradrenalina- en la parte frontal del cerebro, la encargada de la función ejecutiva6. Estas afirmaciones suenan muy bien en el sentido de que, si fuesen ciertas, implicarían conocer la causa del trastorno. Lo que ya no está tan bien es que suponen proclamar que se trata de un problema biológico y lo trasladan al terreno médico, lo cual no puede demostrarse y pertenece sólo al terreno de lo hipotético. La hipótesis aminérgica -la cual postula que muchos trastornos psíquicos están causados por un mal funcionamiento de la neurotransmisión- es, sin duda, muy útil para el diagnóstico, tratamiento y avances en la investigación, pero es difícil saber con certeza si una persona sufre eso en su cerebro o si es otra la causa. Y si ésta no es endógena, sino achacable a factores externos -como son, por ejemplo, la mayoría de estados depresivos, originados por vivencias negativas-, la medicación no hará sino alterar la neurotransmisión, convirtiendo en biológico -ahora sí- un problema que antes consistía en un estado de ánimo bajo, de frustración o de duelo, originado por las contrariedades de la vida diaria.
    En lo que respecta a los niños diagnosticados con TDAH, habría que añadir que la administración de ciertos fármacos puede ser perjudicial para su salud y crecimiento. Los medicamentos que parecen mejorar los síntomas de la hiperactividad son estimulantes que afectan a los neurotransmisores que hemos mencionado -dopamina y noradrenalina-, relacionados con la atención y el control de los impulsos en la corteza frontal. Sin embargo, igual que comentábamos sobre la depresión, esto no quiere decir que todos los niños diagnosticados como hiperactivos padezcan alteraciones en los neurotransmisores, ni que podamos considerarlos hiperactivos si el consumo de estimulantes mejora sus síntomas, ya que cualquier persona aumentará su poder de concentración gracias a ellos: desde hace décadas se sabe que los estimulantes incrementan la capacidad de estudio.
    Es evidente que algunos casos de niños bulliciosos y levantiscos entran dentro de lo patológico, y en ellos seguramente exista algún trastorno de origen genético, pero los demás -la mayoría- son problemas de entorno, costumbres y aprendizaje, y de abandonarse a los impulsos en lugar de esforzarse por corregir el propio comportamiento; al menos mientras las pruebas clínicas no logren descubrir la presunta alteración neuronal subyacente. Y no obstante, algunos psiquiatras afirman que la prevalencia del trastorno se sitúa en al menos el 5% en niños de edad escolar7, lo cual significa que, por término medio, en cada aula de veinte niños hay uno hiperactivo, como mínimo. Otros8 elevan estas cifras hasta casi un 8%. De un plumazo han logrado explicar la conducta del malo de la clase: él no tiene la culpa, sino que se trata de una cuestión genética y médica. Lo malo para los psiquiatras es que la situación en nuestros centros educativos es cada vez peor -debido a factores sociales que sería largo explicar, pero que todos intuimos-, así que les va a resultar difícil justificar biológicamente este hecho. Pero tal vez no sea tan malo para ellos: puede que consigan diagnosticar a todos los inquietos, desobedientes y distraídos como hiperactivos, o posiblemente los incluyan en alguna otra categoría del DSM. Quizá algún día cualquier problema de la vida cotidiana (estrés, nervios, dormir mal debido a preocupaciones, ánimo bajo por problemas económicos o familiares, discusiones con la pareja, compañero, jefe o vecino...) llegue a considerarse una cuestión médica y todos tengamos que acudir al psiquiatra y tomar esas pildoritas mágicas que no curan, que sólo tapan los síntomas, que nos atontan y convierten en ciudadanos normales perfectamente integrados en el sistema. O bien asistiremos a la consulta del psicoterapeuta -gremio más deseoso aún de captar clientes, sobre todo porque los psiquiatras, como médicos que son, hacen lo posible por mantener el monopolio de la salud mental- a contarle nuestros problemas, para oírle decir que los comprende y que nos recomienda algún tipo de terapia de conducta o de reestructuración cognitiva. Si se trata de psicología psicodinámica -el nombre moderno para el psicoanálisis- ya conocemos el panorama: después de contar nuestra vida durante meses o años y limitarse el terapeuta a escucharnos, asentir de vez en cuando y poco más, un buen día descubrimos que todo consistía en algún trauma -posiblemente de carácter sexual- sufrido en nuestra niñez que andaba oculto en lo más profundo de la mente; y en el momento en que somos conscientes de ello surge el estado de catarsis, reelaboramos los hechos traumáticos y nos curamos. ¿O no? ¿Qué cree el lector?
    Ruego disculpen estas digresiones en las que caigo cuando surge el tema de las maravillosas ciencias de la mente, esas cuyos sacerdotes -deseosos de captar feligreses- están ansiosos por diagnosticarnos y encasillarnos, pero nunca logran curarnos. ¿Será porque el problema no es de carácter médico ni tampoco psicológico? Trataremos esto más adelante; de momento dejo el interrogante para que el lector reflexione.

    Referencias:
    1. El metilfenidato de acción prolongada en el vademécum español: http://www.hipocrates.com/vademe/bus...edica=CONCERTA
    2. Sobre el dexmetilfenidato: http://www.focalinxr.com/index.jsp
    3. Para estudios sobre el dexmetilfenidato, buscar el término en la base de datos PubMed http://www.ncbi.nlm.nih.gov/sites/entrez?db=PubMed
    4. http://www.bbmundo.com/bbpsicologia/...Sub=3&idArt=87
    5. DSM: Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, cuarta edición. Asociación Psiquiátrica Americana.
    6. Dr. César Soutullo Esperón, psiquiatra, Clínica Universitaria de Navarra: ?Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH): descripción y diagnóstico? http://www.cun.es/areadesalud/tu-per...y-diagnostico/
    7. Véase http://www.trastornohiperactividad.c...icia_publico03
    8. Congreso Nacional del Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad 2005: http://www.elperiodicomediterraneo.c...sp?pkid=152210


    http://www.drogasinteligentes.com/

    NO AL IMPERIALISMO NEOLIBERAL, NO A LA DICTADURA DEL CAPITAL


  2. El siguiente Usuario da las gracias a 9delta por este Post:

    Erytrhxilium (03/02/2010)

  3. #2
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    Respuesta: El metilfenidato, una droga de moda

    Jejejeje ya tardaban en visitar los hilos sobre el MFD del foro los periodistas jejejeje.


    Chicos que están sacando el reductil (Sibutramina) de las farmacias, hay que espabilar a coger los últimos jajajja
    Take a relaxing cup of cafe con leche in Plaza Mayor my friend

  4. #3
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    Respuesta: El metilfenidato, una droga de moda

    Para mí, el MFD no vale mucho la pena.

  5. #4
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    Respuesta: El metilfenidato, una droga de moda

    Gracias por publicar en cannabiscafe mi artículo. Os pongo la tercera parte, que falta en lo que has copiado.
    El artículo fue publicado originalmente en la revista Cannabis Magazine (http://www.spannabismagazine.com/). También puede leerse en mi web, en http://www.drogasinteligentes.com/metilfenidato1.html.

    Tercera parte

    Abordamos en esta entrega la historia del metilfenidato y otras sustancias similares a fin de tener una visión más amplia de lo que supone esta droga. El metilfenidato es un estimulante, y como tal posee efectos similares a cualquier producto del mismo tipo. Podríamos situarlo a medio camino entre los más potentes y los más suaves, entre las anfetaminas y la cafeína. Debemos tener en cuenta que no sólo existen los estimulantes obtenidos por síntesis, sino que otros son plantas sin procesar que ya antes de la actual era química se utilizaban para mantenerse despierto y concentrar la atención. Dice Snyder, en su obra ya clásica1, que “son drogas de efectos alertadores, que avivan el tono general y agilizan el entendimiento, motivos por los que pueden ser buenos medios para aumentar el rendimiento mental y, presumiblemente, para aliviar la depresión (...) La capacidad, aparentemente milagrosa, de los estimulantes para agudizar el estado de alerta, levantar el ánimo y, por lo menos subjetivamente, aumentar la fuerza muscular, ha sido descubierta y redescubierta en diferentes épocas y lugares. En el pasado se ensalzó estos productos como la clave para la salud, la felicidad y la productividad para todos.”



    Historia de los estimulantes en Europa

    En Europa se empezaron a conocer los estimulantes sólo después del Renacimiento, tras el siglo XV y los grandes viajes alrededor del mundo, no antes. Comenta Pío Font Quer2, refiriéndose a las sustancias vegetales con estas propiedades, que “en Europa no tenemos plantas con semejantes virtudes, no pudo descubrirse nada parecido”, y que “los cinco famosos fármacos excitantes (...) eran conocidos y usados en Asia, en África y en América, antes de los grandes viajes del Renacimiento”. Seguramente es debido a este motivo —por la ausencia de oferta anterior— por lo que el café y el té tuvieron tan buena aceptación y tan rápida difusión. Una vez que los europeos conocieron sus virtudes, pronto se aficionaron a ellos. En los países árabes, en cambio, hay constancia de que el café se utilizaba ya alrededor del final del primer milenio, y de que tres siglos después era un componente habitual de su cultura.

    A principios del XVIII los países europeos —con el objetivo de disponer de café sin depender del suministro de los países árabes— logran llevar la plantación a algunas de sus colonias. Desde este siglo ?el siglo de las luces y de la Ilustración? el café es la droga estimulante más habitual, la que se consume cuando se necesita un empujón de energía. Haciendo una rápida descripción de sus propiedades, el estimulante presente en el café es la cafeína ?una metilxantina, lo mismo que la teofilina y la teobromina?, la cual incrementa el nivel de AMPc, un segundo mensajero que participa en numerosas funciones corporales y cuya elevación causa los conocidos efectos del café.

    En lo que respecta al té, es originario de China, donde se consume desde tiempos inmemoriales. Contiene los estimulantes cafeína, teofilina y teobromina y, aunque a igual peso de materia bruta contiene más sustancias excitantes que el café, su método de procesamiento y preparación hace que presente menos cafeína en el producto final, el que de realmente ingerimos. En relación con esto, dice Escohotado que su poder euforizante es menor que el del café sólo porque utilizamos las hojas sin moler y no esperamos a que todo su contenido impregne el agua3. Llegó a Europa gracias a los colonizadores portugueses a mediados del siglo XVI, a través de la colonia Macao. En Inglaterra, donde es la bebida nacional, fue introducido a finales del XVII por Catalina de Braganza, hija del rey Juan IV de Portugal y esposa del rey Carlos II de Inglaterra. Después, durante su dominio colonial sobre la India, los británicos utilizaron este país como suministrador.

    El cacao es estimulante gracias a su contenido en teobromina. También lleva grasa en forma de manteca de cacao, la cual le confiere propiedades alimenticias. Es originario de Centroamérica, y los olmecas y los mayas fueron las primeras civilizaciones que lo cultivaron, hasta el punto de que los términos “cacao” y “chocolate” proceden de lenguas de pueblos precolombinos de esa región: el primero de “cacahuatl” y el segundo de “xocoatl”, del nahua, lengua indígena mexicana.

    La hoja de coca es un vegetal estimulante bien conocido por ser el producto base a partir del cual se elabora la cocaína. La presencia de este alcaloide en las hojas es del 0,1% al 1%, pero no es ésta su única utilidad. Muchos siglos antes de la conquista española, los indios americanos las utilizaban con propósitos terapéuticos, alimenticios y estimulantes, todo ello revestido de cierto carácter mágico-religioso, llegando a ser un símbolo de identidad y de unidad. A mediados del siglo XIX empezaron a entrar en Europa grandes cantidades de hojas, y Paolo Mantegazza, neurólogo italiano, publicó un ensayo sobre ellas, impresionado por las sensaciones que producían: euforia general, aumento de la fuerza muscular, sentimiento de agilidad, suave fluir de las ideas, placidez y delicioso estado de alerta. En 1860 Albert Niemann logró sintetizar la cocaína a partir de las hojas de coca. En 1884 Köller, tras las experiencias narradas por su colega Sigmund Freud, descubre sus propiedades anestésicas. Freud tomaba cocaína, la daba a su entonces novia Marta “para hacerla fuerte y robusta” e invitaba a colegas, amigos y familiares a consumirla. Prueba de la gran fama de que gozaba esta droga es que, en 1893, el químico corso Ángelo Mariani patentó el Vino Coca Mariani, extracto de coca diluido en vino que llegó a ser la bebida más popular de Europa y que inspiró a John Pemberton para idear la fórmula de la Coca-Cola®, que se comercializó en un principio como estimulante y remedio para el dolor de cabeza. En aquella época contenía algo de alcohol y cocaína, que luego fueron sustituidos por agua con gas y extracto de nuez de cola, fuente de cafeína. A principios del siglo XX, numerosos preparados farmacéuticos, bebidas, e incluso tónicos reconstituyentes, contenían cocaína; pero en 1914 EEUU decide prohibirla y desde entonces su tenencia y consumo son perseguidos.

    La planta efedra se utiliza en China desde hace milenios con propósitos medicinales y estimulantes. Empezó a conocerse en occidente cuando el farmacólogo K.K. Chen, a comienzos de los años 20, demostró sus cualidades euforizantes y antiasmáticas. La efedrina dilata los bronquios, permite respirar mejor y retrasa la fatiga y el cansancio, por lo que se ha venido utilizando para aumentar el rendimiento, convirtiéndose en una de las sustancias más consumidas por deportistas y de las que más resultados positivos ha originado en los controles antidopaje.

    En lo que respecta a las anfetaminas, cuenta Snyder que varios investigadores, a comienzos del siglo XX, buscaban un remedio para el asma y sabían que la adrenalina dilata los bronquios y alivia por ello este padecimiento. Sin embargo, esta sustancia, cuando se introduce en el organismo por vía oral, queda inactivada antes de que pueda surtir efecto. Por esta razón era necesario encontrar algo que funcionara por vía oral. Tras los trabajos de Chen con la efedrina, comprobada su eficacia contra el asma y debido a la escasez de existencias, se buscó un sucedáneo. Y en los años 30, partiendo de la efedrina, se consiguió sintetizar la anfetamina, la cual puede introducirse también por inhalación, con lo que resulta más eficaz. Durante la Segunda Guerra Mundial los ejércitos combatientes abusaron de esta droga para aumentar el rendimiento de sus soldados, circunstancia que llegó a causar verdaderos problemas de salud una vez finalizada la lucha, especialmente en Japón. Muy pronto los deportistas vieron que podían utilizarla para mejorar sus marcas, razón por la que se convirtió en producto de uso y abuso, con algunos casos de intoxicaciones y muertes. También los estudiantes y personas interesadas en aumentar el rendimiento intelectual se dieron cuenta de que les podía servir para sus propósitos.



    Historia del metilfenidato

    Pasamos ya a la historia del metilfenidato. El médico alemán Heinrich Hoffman fue el primer en describir el comportamiento de niños hiperactivos en 1845, en el libro infantil Struwwelpeter4 (Pedro, el melenas), un niño que no puede estarse quieto cuando está sentado. Uno de los personajes es Zappelphilipp (Philipp, el travieso), y de hecho en Alemania se suelen referir a la hiperactividad como síndrome de Zappelphilipp: “Mirad al niño travieso e inagotable que va creciendo y se vuelve aún más grosero y salvaje. Philip grita con todas sus fuerzas, coge la ropa y eso empeora las cosas. Al suelo caen vasos, pan, cuchillos, tenedores y todo lo demás. ¡Cómo se enfada la madre cuando ve todo rodando! ¡Y vaya cara pone el padre! Philip es una vergüenza.”

    Medio siglo después, en el año 1902, la revista británica Lancet publicó el artículo de un médico pediatra, George Still5, que aseguraba haber observado niños con una “discapacidad en la fuerza de voluntad” y una evidente incapacidad para concentrarse. A Still se le atribuye la primera descripción científica de conductas impulsivas y agresivas, y de lo que él denominaba “defectos del control moral”, una etiqueta normal para aquella época6. Poco después, en 1908, el catedrático español Augusto Vidal i Perera publicó su Compendio de Psiquiatría Infantil7, que incluía una descripción del comportamiento de niños que hoy se diagnosticarían como hiperactivos.

    En los años 20 y 30 destacaron los estudios de Hohman, Khan y Cohen, que indicaban que tras problemas cerebrales como una encefalitis o una lesión cerebral se producían los mismos síntomas observados por Still en sus niños impulsivos, por lo que en este momento se atribuyó la hiperactividad a una enfermedad neurológica. También en los años 30 comenzaron a utilizarse estimulantes para tratar los síntomas de la narcolepsia, en concreto efedrina y anfetaminas. Por ejemplo, en 1937, Charles Bradley llevó a cabo el primer estudio sobre la acción de un estimulante (benzedrina, en este caso) para tratar a niños hiperactivos. Las conclusiones fueron claramente positivas en lo que respecta a los síntomas.

    Los estimulantes fueron en aquella época de guerra drogas muy apreciadas debido a la ingestión habitual de anfetaminas por parte de los pilotos y otros soldados que necesitaban mucha concentración y evitar el sueño. Jörg Blech8 narra el comienzo de la historia de nuestro protagonista: gracias a un hallazgo casual, Leandro Panizzon, químico de la empresa Ciba, sintetizó el metilfenidato en 1944, en el contexto de los intentos por conseguir un producto con menos efectos adversos que las anfetaminas. Lo probó en sí mismo, sin obtener resultado digno de mención. Pero su mujer, Rita, ingirió también aquella sustancia y obtuvo un efecto muy estimulante, por lo que en lo sucesivo la tomó con regularidad antes de jugar al tenis9. Panizzon decidió bautizarla con un nombre de marca que hiciera honor a su mujer, Ritalin®, y la molécula se patentó en 1954. Al principio sólo se prescribió para tratar el cansancio, depresiones y confusión de la vejez porque aún no se había inventado el cuadro clínico que haría tristemente famoso al fármaco, ni había comenzado aún la historia conjunta del metilfenidato y los niños hiperactivos. Su acción sobre el organismo humano reveló menos efectos secundarios con respecto a los fármacos de la misma clase conocidos hasta el momento. Años después se publicaron los primeros informes acerca de su utilidad en el tratamiento de los síntomas de la narcolepsia, si bien no hace falta ser un genio para darse cuenta de que una de las propiedades de un estimulante es ayudar a no caer dormido involuntariamente. Su fama fue creciendo al recomendarlo el Physician’s Desk Reference de 1957 para la fatiga crónica y los estados letárgicos y depresivos. A principios de los sesenta comenzó a recetarse a niños con “disfunción cerebral mínima” —la denominación del síndrome de hiperactividad en aquel tiempo— debido a unos estudios publicados que afirmaban que el metilfenidato y la dexedrina producían un efecto considerable en los escolares con problemas de aprendizaje. Se hicieron nuevos ensayos y pronto los periódicos informaron sobre el supuesto remedio maravilloso, con lo que el número de recetas creció como la espuma. Además, ganó aún más fama gracias a las menciones sobre su uso por personajes famosos de la ciencia y la política, como por ejemplo el astronauta Buzz Aldrin y el matemático Paul Erdös.

    Sin embargo, no estaba claro contra qué enfermedad se recetaban esas pastillas. El metilfenidato es simplemente un estimulante, y entre sus efectos está ayudar a centrar la atención, siempre que la dosis sea moderada y no predomine los efectos excitantes. Cuenta Blöch que el dilema de la indicación médica inexistente fue resuelto por los médicos norteamericanos a finales de los sesenta con un truco de amplias repercusiones: se aceptó que era legítimo utilizarlo para diagnosticar la enfermedad de los niños, de forma que si alguno modificaba positivamente su comportamiento al tomarlo la conclusión era que estaba enfermo. Hasta entonces había sido impensable administrar estimulantes a los niños con un mínimo fundamento científico y ético, pero ahora ya existía un síndrome médico que curar, el cual en 1987 pasó a denominarse TDAH (Trastorno por Déficit de Atención y/o Hiperactividad) gracias a la feliz idea de la Asociación Americana de Psiquiatría. Actualmente, el metilfenidato es, con mucho, la medicación más comúnmente prescrita para tratar el TDAH en todo el mundo. De acuerdo con ciertas estimaciones, más del 75% de las recetas de este fármaco son hechas a niños. La producción y prescripción creció significativamente en los años noventa, especialmente en los Estados Unidos, a medida que los sectores más interesados fueron insistiendo en que había muchísimos niños sin diagnosticar y en que el metilfenidato es el fármaco adecuado para tratar este síndrome. Algunos médicos muestran una postura más ética y dicen que, en realidad, este trastorno no es más que una hipótesis. Una cosa es segura: los inventores de enfermedades no se cansan de presentar el mayor número posible de niños como psíquicamente peculiares o problemáticos, hasta el extremo de que las circunstancias de la vida ya resultan suficientes para declararlos enfermos. Pero, ¿pasar por esas situaciones es realmente una enfermedad? Podemos generalizar la cuestión a otras edades y situaciones: ¿sufrir por un grave problema personal o familiar es de verdad una enfermedad? ¿Sentirse triste durante semanas o meses a causa de la muerte de una persona querida es una enfermedad? ¿Notar el bajón al regresar al trabajo después de las vacaciones es una enfermedad? ¿Perder el deseo sexual a cierta edad es una enfermedad? Y lo mismo con multitud de problemas que han existido siempre, que forman parte del proceso vital normal y que en nuestro tiempo pretenden medicalizarse o psicologizarse para convertirnos en pacientes y clientes. Y lo malo no es solamente esta intrusión de lo médico en todos los aspectos de la vida, sino que, volviendo al metilfenidato, a menudo se receta a niños por médicos sin formación en este campo; tan sólo la que les ofrecen los visitadores de los laboratorios farmacéuticos.



    Referencias:

    1. Snyder, Solomon. Drogas y cerebro. Editorial Prensa Científica.

    2. Font Quer, Pío. Plantas medicinales. El Dioscórides renovado. Editorial Labor.

    3. Escohotado, Antonio. Aprendiendo de las drogas. Editorial Anagrama.

    4. Hoffman, Heinrich. Struwwelpeter. Versión original completa (en alemán) en http://www.struwwelpeter-museum.de/struwwelpeter.htm. Versión en alemán e inglés (traducida por Mark Twain) en http://www.fln.vcu.edu/struwwel/struwwel.html. No conozco versión española íntegra. En http://www.imaginaria.com.ar/20/9/entre-la-obediencia-y-la-desobediencia.htm y http://www.imaginaria.com.ar/21/0/tres-clasicos.htm hay algunos fragmentos traducidos

    5. Still GF: “Some abnormal psychical conditions in children”. Lancet 1902; 1: 1008-1012; 1077-1082; 1163-1168

    6. Menéndez Benavente, Isabel: “Trastorno de déficit de atención con hiperactividad: clínica y diagnóstico”. Rev Psiquiatr Psicol Niño y Adolesc, 2001, 4(1): 92-102

    7. Vidal i Parera, Augusto. Compendio de Psiquiatría Infantil. Librería del Magisterio, Barcelona 1908.

    8. Blech, Jörg. Los inventores de enfermedades. Ediciones Destino.

    9. El papel de la suerte, del azar, en los descubrimientos científicos es una constante a lo largo de la historia, y raro es el hallazgo en el que no se encuentra presente, de una u otra forma, la casualidad. El término serendipia procede del inglésserendipity, neologismo inventado por Horace Walpole en 1754 a partir de un cuento persa del siglo XVIII con el título de «Los tres príncipes de Serendip», en el que los protagonistas, los príncipes de la isla de Serendip —antiguo nombre árabe para la isla de Ceilán— solucionaban sus problemas gracias a increíbles casualidades (http://es.wikipedia.org/wiki/Serendipia). Aunque en español se ha adoptado recientemente, contamos con el castizo chiripa (“lo consiguió por pura chiripa”), término bastante cercano en significado. Para saber más sobre el papel del azar en la ciencia, es recomendable la lectura de Royston, Roberts: Serendipia: descubrimientos accidentales de la ciencia, publicado en español por Alianza Editorial.


    Del autor de este artículo: “El lucrativo mito de los niños hiperactivos” (http://www.kaosenlared.net/noticia/lucrativo-mito-ninos-hiperactivos y http://www.diagonalperiodico.net/El-lucrativo-mito-de-los-ninos.html)

  6. El siguiente Usuario da las gracias a jcrfranco por este Post:

    Erytrhxilium (07/02/2010)

  7. #5
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    Respuesta: El metilfenidato, una droga de moda

    Wenas, tengo una gran duda a cerca de la síntesis de la anfetamina. ¿Sabe alguien cómo se puede obtener anfetamina a partir de feniletilamina? En teoría no sería muy difícil, habría que metilar el carbono alpha de la feniletilamina. Pero ¿Sabe alguien cómo cojones se hace ese paso?.http://www.cannabiscafe.net/foros/im...oscorrones.gif



    Muchas gracias compañeros!!!

    http://www.cannabiscafe.net/foros/im...stirthepot.gif

  8. #6
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    Respuesta: El metilfenidato, una droga de moda

    anda,asiq ue os rogais con l oque yo tomaba de pequeño

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