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Tema: Novela gratuita!

  1. #1
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    Novela gratuita!

    hola, quisiera compartir mi novela "Leo y Cáncer" de forma libre y gratuita, hasta que llegue un editor salvador y decida otorgarla una oportunidad. Hasta entonces, cedo el PDF libremente
    La temática: "un actor porno que enferma y se cura por medios heterodoxos, con uso de enteógenos y todo..." Y creo que puedo prometer que no dejará indiferente a nadie

    Blog donde podréis descargarla: leoycancer.wordpress.com

    Pequeño extracto:
    El estado que se adueñó de mi cuerpo y mente fue muy similar al febril, y una serie de imágenes de geometrías multicolor inundaron la oscuridad de mis ojos cerrados. Pasaban formaciones semejantes a olas psicodélicas barridas por mareas invisibles. Ciertamente, fue placentero y bello. Pero las iconografías viraron hacia una serie de secuencias más evocativas, delatando objetos y seres identificables; consistió en muchas y de las más variopintas naturalezas: admiré selvas, ríos anegados de nenúfares, arco iris, cielos con imponentes nubarrones, flores tropicales y animales tales como insectos, gamos, monos, etc. Después me sobrevinieron visiones de elementos de la vida urbana: coches, edificios, quioscos, plazas, gente andando por la calle e incluso conseguí, para mi total sorpresa, identificar a una muchacha que paseaba: ¡Soraya! De repente las visiones se volvieron pulsantes y su cadencia resultó rápida y molesta, cobrando forma de imágenes de carácter sexual, muy repetitivas, que iban y venían a gran velocidad. Eran posturas de sexo compulsivo dibujadas como si pertenecieran a un comic pornográfico. En algún lugar de mi entendimiento surgió una idea que yo no construí: «aquello era enfermizo». Comprendí, por revelación irracional, que el deseo que impulsa al sexo más libidinoso es parecido a esos pulsos rápidos de colores negros y rojizos que expandían ráfagas agresivas en mi interior. Me comencé a encontrar mal, y las escenas que veía, lejos de resultarme eróticas, se mostraban casi violentas, demasiado rápidas, insoportables. En un momento dado se proyectó un hombre copulando salvajemente con una mujer al más puro estilo pornográfico, en una clásica postura de la farándula para adultos, y fue tal el realismo, que tuve que abrir los ojos asustado; desaparecieron al acto. Volví a bajar los párpados y se repitió la escena, más pulsante y machacona si cabe. Me sobrevino pánico, vértigo y unas nauseas terribles. No quería presenciar el espectáculo y llegué incluso a sospechar –sabe Dios por qué– que estos seres eran de corte demoníaco. Fue sopesar esta posibilidad, y sus rostros tornaron evidentes: efectivamente eran bestias del inframundo. A día de hoy creo que fui espectador, aquella jornada, de las muecas más grotescas y terribles que he visto en toda mi existencia. Las efigies desfiguradas e inhumanas me sonreían, invitándome a participar con descaro; abrí los ojos gritado y, por unos segundos, olvidé que toda esa locura era provocada por el trance del ayahuasca. Experimenté pánico total. Al fin, conseguí rehacerme con gran esfuerzo al constatar que nada de eso era físico, aunque las ganas de vomitar seguían asolando todo mi ser. Sin dudarlo aferré a gran velocidad un cubo cercano presto a soltar aquello que chirriaba en mis tripas mientras rezaba para que esa escena repulsiva que acababa de presenciar no se repitiera. El mundo entero daba vueltas a velocidades astronómicas pero no podía devolver. Roberto se acercó flotando y yo lo vi venir como un ser enorme y todopoderoso. Aquel vigor que mostraba durante las ceremonias le confería una autoridad absoluta. Y ese día estaba pletórico. Me sopló en la cabeza, mascullando cánticos en lenguas preincaicas, e hizo algo que expandió un olor picantea tabaco; me liberó y vomité al acto en el cubo, soltando un torrente de líquido oscuro que ningún materialista hubiera sabido explicar cómo pudo haber estado alojado en mi estómago. Expulsé cucarachas, sapos, gusanos y arañas negras como la más abyecta ausencia de luz. Esa morralla de seres repulsivos fue real –para mí al menos–. Y vomité de nuevo percatándome que eran más en la sala los que regurgitaban en sus cubos a la par que yo. Así varias veces, hasta construir entre todos los allí presentes un escenario espeluznante de espasmos y degluciones. Finalmente el sufrimiento pasó dejando enormes lagrimones cayendo por mi tez abatida y salivas columpiándose de la boca al cubo. Todo había acabado. La salvaje expulsión de fluidos trajo, como consecuencia, paz. Paz como jamás la había experimentado en vida. Una gran bola de horror había abandonado algún recoveco de mi ser, y la liberación me hizo sollozar defelicidad: tumbado, extenuado; pero en paz.
    Última edición por haiminho; 09/07/2012 a las 02:31

  2. El siguiente Usuario da las gracias a haiminho por este Post:

    SONIDOMONO (09/07/2012)

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