Como dicen,
todo es set & setting. Regresaba en la madrugada de muy mal ánimo a mi casa por una discusión que había tenido en una fiesta, bastante
puesto y borracho por cierto, pero tal parece que no lo suficiente. Llegue a mi habitación, me encerre y preparé mi compañero bong de vidrio, que hasta donde yo recuerdo no hubo tiempo ni de ponerle agua. Fueron dos fumadas fuertes, la primera guarde el humo unos 30 segundos en los pulmones mientras cerraba la abertura principal de mi pipa con una mano para evitar que el humo se escapara. Exhale, volví a inhalar lo que quedaba y en pocos instantes me encontraba catapultado al mismísimo mundo de los espíritus, por más exagerado que parezca.
No, todavía no alucinaba. Sentía los embates del primer efecto: La desaparición de todo simbolismo que atesoraba celosamente en mis recuerdos. Mesa, cama, escritorio, bong, suelo, techo.. arriba, abajo. Todo desapareció, estaba convertido en una suerte de recién nacido. Volteaba para todas direcciones y no reconocía nada, y lo peor, no sabía por qué. En el preciso instante en el que quedas a merced de esta planta olvidas que acabas de fumarla. Estaba desconcertado, pero me parecía divertido.
La sensación no se parece a absolutamente ninguna sustancia que haya probado hasta ahora. Nada.
Y luego, el susto. Fije por unos instantes la vista, y la realidad comenzó a deformarse. Los objetos más pequeños eran ahora inmensos, luego aparecieron planos o dimensiones separadas ante mis ojos. Simbolos religiosos, jeroglíficos extraños. Difícil de explicar, más difícil de imaginar si no se ha vivido. Los objetos cobran personalidad, pero no es Disney Channel, no les salen ojitos y boquita ni se ponen a bailar. Mi lapicero y mi lampara de lava eran chamanes totalmente deformados, enormes, más altos que yo. Tenían voz de anciano, pero no comprendía lo que me decían. Los percibía arrogantes, pero sabios, como si estuvieran dandome una lección. Recuerdo que mi escritorio se repitió un millon de veces hacia arriba, hacia el infinito, cual si fuera la casa de los espejos.
Desesperado mientras miraba hacía todos lados buscando una forma familiar o reconocible, sentí una presencia femenina. Me resultaba demasiado familiar, mi instinto me indicó equivocadamente que era mi madre.
Era la Pastora, aunque no recuerdo haberla percibido con los ojos. Habrás leido que en las experiencias con la Salvia aparecen 2 conciencias, la Pastora en dósis bajas o el Brujo, en altas. Mi teoría es que cada uno representa a las figuras paternales que todos guardamos en la mente. Le rogé que me explicara que estaba pasando o que la experiencia terminara. Con voz autoritaria, pero protectora, me informó que no era posible, pero que me estaría cuidando. De ahi no recuerdo nada, hasta el momento en que disminuyeron los efectos progresivamente. Recuerdo que lo primero que reconocí, fue la silueta de la pipa de agua. Ahi pude darme cuenta de donde estaba.
Apenas recordaba lo que había pasado, sentí como si hubiera tenido un desmayo y me encontrase despertando en el hospital, rodeado de mis familiares. Voltee hacia atrás, y nada. No había nadie, seguía sentando en la misma posición. Sinceramente no tengo idea de lo que yo hice en el viaje, pues
irresponsablemente fumé solo, sin cuidador que me acompañase. Pude haber gritado, corrido, saltado, pude haberme lastimado. Pude haber hecho de todo, pero no lo recuerdo. Si quieres compararlo con algo, recuerda el sueño más bizarro que haz tenido y multiplicalo por 10. Lo percibí como una experiencia sumamente religiosa, mística. No aluciné, viaje a otro lugar, estoy muy seguro de eso. ¿El jardín privado de Dios? ¿Su biblioteca? ¿Su sala de estar?
¿Como cambió mi vida? Al ser mi primer enteógeno, fue una experiencia sumamente relevante. No salí por varios días de mi casa, no confiaba en nada ni en nadie, no dejaba de darle vueltas a las visiones. Todos mis principios, mi entendimiento del mundo, mis creencias sobre como funciona la mente, se deshicieron en unos cuantos minutos. Mi ateísmo, fuerte en ese momento, se redujo notablemente (Finalmente desapareció con una dósis alta de LSD, pero esa es otra historia). Quiero volver a enfrentarme a sus enseñanzas, pero ahora no estoy listo, no tengo la madurez. Para quien quiera probarla, analicen su vida primero, analicen su fortaleza mental y la paz de su alma, que es lo que más importa. Yo sólo se la recomendaría a Buda, y no estoy tan seguro de que le gustaría probarla.
A la Salvia Divinorum o se le respeta, o te enseña a respetarla por las malas. Tiene potencial, y algún día podré decir que tuve un viaje agradable con la sustancia, but not yet, not yet.
