"Cuando los androides den sexo se crearán por millones"
Hiroshi Ishiguro, creador de geminoides y jefe de neurorrobótica de la Universidad de Osaka
Héroes de acero
Al comenzar mi hora a solas con Ishiguro, bendigo este trabajo por emocionante, pero empieza a resultar inquietante cuando me señala al microandroide que le cuelga del cuello y proclama: "Es el crucifijo de mi nueva religión". Después no hay un segundo para el tedio entre sus brillantes argumentos de impecable racionalidad, su geminoide y sus intuiciones. Acaba dándome una noticia: a los héroes que salvaron Japón de la catástrofe de Fukushima, hay que añadir los robots militares de EE.UU. Japón es la gran potencia robótica industrial y doméstica, pero, tras la guerra, se le vetó la robótica militar, que es la que puede salvarnos en situaciones como una catástrofe nuclear.
Tengo 47 años: parezco más joven porque me he operado para no envejecer más que mi androide clónico: mi geminoide. Nací en Osaka. Mi religión es la ciencia, pero tengo la intuición de una nueva fe. Creo androides para saber qué es ser humano. Colaboro con CosmoCaixa.
Cómo sabe que yo no soy mi geminoide?
No sé. Parece usted una persona.
Usted no sabe que no soy mi geminoide. Y punto. Porque ahora no puede ver qué hay en mi interior: si cables o carne.
Además soy muy despistado.
Usted y todos. Si colocáramos un androide en una situación concreta, digamos sentado aquí en la entrada de CosmoCaixa leyendo el periódico... ¡Usted no sabría que esa persona en realidad es un androide!
Tal vez nadie se daría cuenta.
Hemos hecho varios experimentos con androides en las calles y edificios de Osaka y el 80 por ciento de quienes se cruzaron con ellos los tomaron por humanos. Ahora míreme a mí: ¿cuántos años tengo?
Es una de las preguntas que le tengo que hacer: ¿treinta y cinco?
Cuarenta y siete. Pero me he hecho cirugía estética en toda la cara y el cuerpo.
¿No se gustaba usted?
Me he operado porque creé mi geminoide cuando yo tenía 41 años. Y, desde ese día, todos me comparaban con él. Así que tuve que entrar en el quirófano para no envejecer mientras él seguía siendo joven.
Dorian Gray escribió El retrato de Oscar Wilde... No, perdón, es al revés.
Lo conozco, sí, y sé lo que sintió Wilde al escribirlo. Lo he sentido.
¿La cirugía plástica ha tenido para usted algún efecto indeseable?
Todos los prejuicios anticirugía plástica son como los que hoy se tienen ante la robótica: ¿se acuerda alguien de que la religión condenaba la transfusión de sangre?
¿Siente un placer especial al ver que su geminoide es igualito que usted?
Los geminoides y los androides en realidad no me interesan por sí mismos.
Pero es usted una autoridad mundial.
Mi única motivación para investigar y para seguir viviendo es averiguar qué es el ser humano. Creo androides para saber cómo son las personas.
¿Cómo son las personas?
¿Sabe usted cómo es? ¿Alguien sabe cómo es realmente? ¿Sabe usted cómo actúa? ¿Se ha visto de verdad alguna vez? Porque el espejo sólo es un reflejo pobre y plano, igual que cualquier foto o película de sí mismo.
Y oír la propia voz grabada ya resulta un shock.
¿Qué es la identidad? ¿Es nuestro cuerpo? Hace dos siglos, en Japón, un humano al que le faltara un miembro no era considerado una persona. Hoy reconocemos como personas, afortunadamente, a seres con miembros biomecánicos. Y cada vez hay más: manos, brazos, corazones, piernas robóticas... Y el cuerpo ya no es la identidad.
¿Y?
Si la identidad ya no es el cuerpo... ¿qué es? Tengo a un filósofo y a varios neurocientíficos trabajando en este problema.
Seguro que dan con buenas preguntas.
Es lo que busco. Ahora trabajamos en enviar órdenes a los androides con señales cerebrales. La condición humana es social y, al contactar en ese punto, androides y humanos compartiremos un mismo destino.
¿No es especulación teórica?
Es tecnología. Y ya la tenemos. Podemos hacerlo, pero el Gobierno nos prohíbe realizar implantes cerebrales si no es con fines terapéuticos. Por eso trabajo con la facultad de Medicina, para poder perfeccionar esos implantes. Es una de las últimas fronteras de la robótica. Y ahora mire este vídeo.
¿Está usted dando una clase?
No soy yo. Es mi geminoide.
¿Contesta preguntas?
Las de mis alumnos, quienes, por cierto, me apoyan en mi petición al rectorado de que yo cobre por las clases de mi geminoide.
¡Qué divertido!
No es una broma. Es un paso necesario para que la tecnología avance: el beneficio. Mire este otro vídeo: son robots del Robot Café.
Pero estos robots camareros ¿sabrían reaccionar y chillar si me voy sin pagar?
Aprenden a aprender. Mire este bebé: ¿ve? Ya responde a estímulos imprevisibles.
Aún son juguetes carísimos y sólo al alcance de una minoría.
Nada de minorías. ¡Tome!
¿Qué es esto?
Un androide para iPhone.
¡Es una monada de muñequito!
Pero fíjese en lo importante: no tiene sexo ni edad ni raza.
¿Por qué?
Porque así puede usted adaptarlo en su mente a cada interlocutor. Es la personificación de SIRI, el asistente de voz del iPhone.
Da gustito apretarlo.
Es carne de androide. ¿Sabe qué convertirá a la robótica en masiva?
¿...?
¿Qué fue lo que transformó internet en un fenómeno de masas?
No sé...
El sexo. El 70 por ciento del tráfico de datos en Japón todavía está directa o indirectamente relacionado con el sexo. Cuando los androides den sexo se crearán por millones, porque el provecho económico se disparará. Pero ese no es mi campo.
¿Le molesta ese destino robótico?
Es inevitable. Empecemos por aceptar que somos primates, y en primatología lo primero que sorprende es que el sexo vertebra la jerarquía, las relaciones de intercambio, las conductas del grupo y la cultura. Los androides también llegarán al sexo.
José Mariano López-Urdiales, ingeniero aeronáutico
"Subirás a mi globo y verás la curvatura de la Tierra"
Bloon
El globo se llama Bloon y es la versión futurista de los globos románticos de Jules Verne. Dentro de un par o tres de años, sin necesidad de condiciones físicas especiales ni de entrenamientos, te llevará a 36.000 metros de altitud. Su inventor, José Mariano López-Urdiales, regresa de un simposio de turismo de lujo sostenible en Maldivas organizado por Six Senses, donde ha explicado el proyecto (
www.inbloon.com), participado por Ultramàgic, empresa catalana que es la segunda exportadora de globos del mundo. "Aquí se pueden hacer cosas", sentencia José Mariano, entusiasmado con su proyecto, que desde su empresa (Zero2infinity) busca explorar la aeronáutica con respeto al medio ambiente.
Tengo 33 años. Nací en Granada y vivo en Barcelona. Soy ingeniero aeronáutico y emprendedor. Estoy casado y tengo dos hijos, David (4) y Eric (2). El Estado debe proveernos de unos mínimos y luego dejarnos hacer. ¿Creencias? Esta vida y mis hijos.
¿Me llevará al espacio?
Te llevaré a 36 kilómetros de altitud, suave y cómodamente.
¿Y qué veré?
La curvatura de la Tierra, la atmósfera y el espacio exterior con sus estrellas.
¿Con un cohete?
No. Con un globo. ¡Nada de emisiones contaminantes a la atmósfera! Emisión cero.
¿Puede un globo subir tan alto?
Los pasajeros viajarán en una cápsula de cuatro metros de diámetro, con forma de dónut, elevada por un globo de 120 metros de diámetro lleno de helio.
¿Por qué esa forma de donut?
He diseñado esta forma porque resiste de modo más eficaz que la esfera las ventanas necesarias para una óptima visibilidad.
¿Y qué gracia tiene subir ahí arriba?
Vivir una experiencia transformadora. Ver la Tierra a esa distancia te modifica psicológicamente, crece tu empatía con el planeta.
¿Qué consecuencias espera de eso?
Imagina que la mitad de las autoridades políticas y financieras que se reúnen en Davos hubiesen vivido esa experiencia y hubiesen tomado conciencia. ¡Sus decisiones serían más sensatas y beneficiosas para todos!
¿Cuándo partirá el primer viaje?
Entre el 2013 y el 2015.
¿Cuánto dinero costará un pasaje en ese globo?
110.000 euros.
No es barato.
Sí lo es. La propuesta de Virgin, de Richard Branson, cuesta 200.000 dólares, y sólo estás allá arriba siete minutos.
Pero esa nave sube más alto, ¿no?
A 100 kilómetros de altitud. Pero lo que ves no es muy diferente. Y vas en cohete.
¿Y?
Que es como ir en una centrifugadora, hay que seguir un cursillo para prepararse. Y al descender, hay sensaciones rudas, equivalentes al doble del Furius de Port Aventura.
¿Hay otra opción para subir tanto?
Sí, la de los rusos con su Soyuz, que sube a 400 kilómetros de altitud, ya en órbita. Por ahora han subido siete personas, a 56 millones de dólares por cabeza.
¿Cuántas personas caben en la cabina de su globo?
Cuatro pasajeros y dos tripulantes.
¿Qué hago para ser pasajero?
Apuntarte en nuestra lista de espera, entrando en nuestra página web.
¿Y qué me da por 110.000 euros?
Dos noches previas en un hotel de lujo, con preparación holística: masajes, meditación, buen descanso, comida ligera... Después, ascender pausadamente durante un par de horas, y al llegar a los 36 kilómetros de altura, permanecer otras dos horas allá arriba.
¿Haciendo qué?
Mirar el espectáculo por las ventanas, tomar el té, ir al baño... Ver el cielo negro arriba, las estrellas, el sol intenso. Habrá que llevar gafas de sol. Y ver una extensión terrestre de un disco de 1.500 kilómetros de diámetro. ¡Podrá abarcar España entera!
¿A qué altura se ve la curvatura de la Tierra?
A los 18 kilómetros de altura. Desde los 12 kilómetros ya no hay aire respirable. A los 25 kilómetros se ve el espacio negro. Pero hasta los 36.000 kilómetros hay atmósfera.
¿Desde dónde alzará el vuelo?
Desde un lugar con poco viento. Y aterrizaremos en una zona despoblada. En España se dan mucho estas características. Además, aquí hay pocas nubes, otra ventaja. Pero estaremos en varios puntos del mundo.
¿Es una nueva oferta turística?
Sí, un turismo de experiencias, un turismo de lujo sostenible, inteligente. Pero no sólo eso: será interesante para algunas industrias subir a hacer experimentos científicos.
¿Algún otro mercado?
Sí: corporaciones que deseen tener una reunión en un lugar verdaderamente aislado, ¡y tomar una perspectiva global de verdad!
¿Cómo nació su pasión por los globos?
Mi padre era astrónomo. Lo acompañé a varios lanzamientos en Cabo Cañaveral...
¿Qué recuerda de aquello?
La emoción de los ingenieros: en un minuto se juegan el trabajo de años, y ver que todo sale bien... ¡es adictivo! "Yo quiero volver a sentir esto", me dije. Y estudié aeronáutica.
Pero pasar de los cohetes a los globos...
Mi padre participó en crear la sonda Cassini Huygens, hoy depositada en Titán, luna de Saturno. ¡Es el objeto que la humanidad ha colocado más lejos de la Tierra! ¿Y sabe cómo probó la sonda mi padre?
¿Cómo?
Subiéndola en un globo a 40 kilómetros de altura y dejándola caer en paracaídas, en la provincia de León. Los globos han sido clave en el desarrollo de tecnología espacial.
¿Cómo bajará usted a sus pasajeros?
Soltaremos el globo de helio y se abrirá un paracaídas, y bajaremos suavemente. Durante un rato sentiremos ingravidez, pero nada de mareo. ¡Será divertido!
¿Y qué pasa con el globo de helio?
Irá cayendo poco a poco a tierra, recuperaremos el equipo eléctrico y reciclaremos el polietileno del globo. No quedará basura.
¿Qué más servicios dieron los globos?
Los globos fueron desacreditados por la industria bélica, por más vulnerables que los aviones y no cargar tantas bombas. ¡Pero le veo gran futuro al zepelín! ¡Es una alternativa muy prometedora para viajar! La velocidad está desfasada, el lujo es la lentitud.
http://www.lavanguardia.com/lacontra...la-tierra.html
http://www.wikisat.org/