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Tema: PA que no me extrañen

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    29 Dec, 01
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    ...en algun lugar del arcoiris...
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    PA que no me extrañen

    le dejo un regalito de un poeata hermoso de mi pais, Oliverio Girondo, y si quieren mas les recomiendo buscar...vale la pena:

    No se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de sorportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero es sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningun pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
    Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa.
    ¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado?
    ¡María Luisa era una verdadera pluma!
    Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
    ¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. "¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.
    Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo.
    ¡Qué delicia la de tener una mujer tan lijera... ,aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas! ¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes... la de pasarse las noches de un solo vuelo!
    Después de conocer una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
    Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.

    ----------------------------------------------------------------------------------
    INVITACIÓN AL VOMITO


    Cúbrete el rostro
    y llora.
    Vomita.
    ¡Si!
    Vomita,
    largos trozos de vidrio,
    amargos alfileres,
    turbios gritos de espanto,
    vocablos carcomidos;
    sobre esta nauseabunda iniquidad sin cauce,
    y esta castrada y fétida sumisión cultivada
    en flatulentos caldos de terror y de ayuno.
    Cúbrete el rostro
    y llora...
    pero no te contengas.
    Vomita.
    ¡Si!
    Vomita,
    ante esta paranoica estupidez macabra,
    sobre este delirante cretinismo estentóreo
    y esta senil orgía de egoísmo prostático:
    lacios coágulos de asco,
    macerada impotencia,
    rancios jugos de hastío,
    trozos de amarga espera...
    horas entrecortadas por relinchos de angustia.


    -----------------------------------------------------------------------------------
    CANSANCIO


    Cansado
    ¡Si!
    Cansado
    de usar un solo bazo,
    dos labios,
    veinte dedos,
    no sé cuántas palabras,
    no sé cuántos recuerdos,
    grisáceos,
    fragmentarios.
    Cansado,
    muy cansado
    de estre frío esqueleto,
    tan púdico,
    tan casto,
    que cuando se desnude
    no sabré si es el mismo
    que usé mientras vivía.

    Cansado.
    ¡Si!
    Cansado
    por carecer de antenas,
    de un ojo en cada omóplato
    y de una cola auténtica,
    alegre,
    desatada,
    y no este rabo hipócrita,
    degenerado,
    enano.

    Cansado,
    sobre todo,
    de estar siempre conmigo,
    de hallarme cada día,
    cuando termina el sueño,
    allí, donde me encuentre,
    con las mismas narices
    y con las mismas piernas;
    como si no deseara
    esperar la rompiente con un cutis de playa,
    ofrecer, al rocío, dos senos de magnolia,
    acariciar la tierra con un vientre de oruga,
    y vivir, unos meses, adentro de una piedra.



    -----------------------------------------------------------------------------------
    8

    Yo no tengo una personalidad; yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades.
    En mí, la personalidad es una especie de forunculosis anímica en estado crónico de erupción; no pasa media hora sin que me nazca una nueva personalidad.
    Desde que estoy conmigo mismo, es tal la aglomeración de las que me rodean, que mi casa parece el consultorio de una quiromántica de moda. hay personalidades en todas partes: en el vestiíbulo, en el corredor, en la cocina, hasta en el W.C.
    ¡Imposible lograr un momento de tregua, de descanso! ¡Imposible saber cuál es la verdadera!
    Aunque me veo forzado a convivir en la promiscuidad más absoluta con todas ellas, no me convenzo de que me pertenezcan.
    ¿Qué clase de contacto pueden tener conmigo -me pregunto- todas estas personalidades inconfesables, que harían ruborizar a un carnicero? ¿Habré de permitir que se me identifique, por ejemplo, con este pederasta marchito que no tuvo ni el coraje de realizarse, o con este cretinoide cuya sonrisa es capaz de congelar una locomotora?
    El hecho de que se hospeden en mi cuerpo es suficiente, sin embargo, para enfermarse de indignación. Ya que no puedo ignorar su existencia, quisiera obligarlas a que se oculten en los repliegues más profundos de mi cerebro. Pero son de una petulancia... de un egoísmo... de una falta de tacto...
    Hasta las personalidades más insignificantes se dan unos aires de trasatlántico. Todas, sin ningun clase de exepción, se consideran con derecho a manifestar un desprecio olímpico por las otras, y naturalmente, hay peleas, conflictos de toda especie, discuciones que no terminan nunca. En vez de contemporizar, ya que tienen que vivir juntas, ¡pues no señor!, cada una pretende imponer su voluntad, sin tomar en cuenta las opiniones y los gustos de las demás. Si alguna tiene una ocurrencia, que me hace reír a carcajadas, en el acto sale cualquier otra, proponiéndome un paseíto al cementerio. Ni bien aquélla desea que me acueste con todas las mujeres de la ciudad, ésta se empeña en demostrarme las ventajas abstinencia, y mientras una abusa de la noche y no me deja dormir hasta la madrugada, la otra despierta con el amanecer y exige que me levante junto con las gallinas.
    Mi vida resulta así una preñez de posibilidades que no se realizan nunca, una explosión de fuerzas encontradas que se entrechocan y se destruyen mutuamente. El hecho de tomar la menor determinación me cuestra un tal cúmulo de dificultades, antes de cometer el acto más insignificante necesito poner tantas personalidades de acuerdo, que prefiero renunciar a cualquier cosa y esperar que se extenúen discutiendo lo que han de hacer con mi persona, para tener, al menos, la satisfacción de mandarlas todas juntas a la mierda.
    ---------------------------------------------------------------------------------
    21

    Que los ruidos te perforen los dientes, como una lima de dentista, y la memoria se te llene de herrumbre, de olores descompuestos y de palabras rotas.
    Que te crezca, en cada uno de los poros, una pata de araña; que sólo puedas alimentarte de barajas usadas y que el sueño te reduzca, como una aplanadora, al espesor de tu retrato.
    Que al salir a la calle, hasta los faroles te corran a patadas; que un fanatismo irresistible te obligue a prosternarte ante los tachos de basura y que todos los habitantes de la ciudad te confundan con un meadero.
    Que cuando quieras decir: "Mi amor", digas: "Pescado frito"; que tus manos intenten estrangularte a cada rato, y que en vez de tirar el cigarrillo, seas tú el que te arrojes en las salivaderas.
    Que tu mujer te engañe hasta con los buzones; que al acostarse junto a ti, se metamorfosee en sanguijuela, y que después de parir un cuervo, alumbre una llave inglesa.
    Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto, para que los espejos, al mirarte, se suiciden de repugnancia; que tu único entretenimiento consista en instalarte en la sala de espera de los dentistas, disfrazado de cocodrilo, y que te enamores, tan locamente, de una caja de hierro, que no puedas dejar, ni por un solo instante, de lamerle la cerradura
    ------------------------------------------------------------------------------------
    De En la masmédula


    La mezcla


    No sólo
    el fofo fondo
    los ebrios lechos légamos telúricos entre fanales
    senos
    y sus líquenes
    no sólo el solicroo
    las prefugas
    lo impar ido
    el ahonde
    el tacto incauto solo
    los acrodes abismos de los órganos sacros del orgasmo
    el gusto al riesgo en brote
    al rito negro al alba con esperezo lleno de gorriones
    ni tampoco el regosto
    los supiritos sólo
    ni el fortuito dial sino
    o los autosondeos en pleno plexo trópico
    ni las exellas menos ni el endédalo
    sino la viva mezcla
    la total mezcla plena
    la pura impura mezcla que me merma los machimbres
    el almamasa tensa las tercas hembras tuercas
    la mezcla

    la mezcla con que adherí mis puentes.







    El puro no


    El no
    El no inóvulo
    El no nonato
    El noo
    El no poslodocosmos de impuros ceros noes que
    noan noan noan
    y nooan
    y plurimono noan al morbo amorfo noo
    no démono
    no deo
    sin son sin sexo ni órbita
    el yerto inóseo noo en unisolo amódulo
    sin poros ya sin nódulo
    ni yo ni fosa ni hoyo
    el macro no ni polvo
    el no más nada todo
    el puro no
    sin no.








    Mi lumía


    Mi lu
    mi lubidulia
    mi golocidalove
    mi lu tan luz tan tu que me enlucielabisma
    y descentratelura
    y venusafrodea
    y me nirvana el suyo la crucis los desalmes
    con sus melimeleos
    sus eropsiquisedas sus decúbitos lianas y dermiferios limbos y
    gormullos
    mi lu
    mi luar
    mi mito
    domonoave dea rosa
    mi pez hada
    mi luvisita nimia
    mi lubísnea
    mi lu más lar
    más lampo
    mi pulpa lu de vértigo de galaxias de semen de misterio
    mi lubella lusola
    mi total lu plevida
    mi toda lu
    lumía








    Yolleo


    Eh vos
    tatacombo
    soy yo

    no me oyes

    tataconco
    soy yo sin vos
    sin voz
    aquí yollando

    con mi yo sólo solo que yolla y yolla y yolla
    entre mis subyollitos tan nimios micropsíquicos
    lo sé
    lo sé y tanto
    desde el yo mero mínimo al verme yo harto en todo
    junto a mis ya muertos y revivos yoes siempre
    siempre yollando y yoyollando siempre
    por qué
    si sos
    por qué dí
    eh vos
    no me oyes
    tatatodo
    por qué tanto yollar
    responde
    y hasta cuando.








    Topatumba


    Ay mi más mi mío
    mi bisvidita te ando
    sí toda
    así
    te tato y topo tumbo y te arpo
    y libo y libo tu halo
    ah la piel cal de luna de tu trascielo mío que me levitabisma
    mi tan todita lumbre
    cátame tú eva pulpo
    sé sed sé sed
    sé liana
    anuda más
    más nudo de musgo de entremuslos de seda que me ceden
    tu muy corola mía
    oh su rocío
    qué limbo
    ízala tú mi tumba
    así
    ya en ti mi tea
    toda mi llama tuya
    destiérrame letea
    lava ya emana el alma
    te hisopo
    toda mía
    ay
    entremuero
    vida
    me cremas
    te edenizo.












    De Veinte poemas para ser leídos en el tranvía






    Croquis en la arena


    La mañana se pasea en la playa empolvada de sol.

    Brazos.
    Piernas amputadas.
    Cuerpos que se reintegran.
    Cabezas flotantes de caucho.


    Al tornearles los cuerpos de las bañistas, las olas alargan sus virutas sobre el aserrín de la playa.

    ¡Todo es oro y azul!

    La sombra de los toldos. Los ojos de las chicas que se inyectan novelas y horizontes. Mi alegría, de zapatos de goma, que me hace rebotar sobre la arena.

    Por ochenta centavos, los fotógrafos venden los cuerpos de las mujeres que se bañan.

    Hay quioscos que explotan la dramaticidad de la rompiente. Sirvientas cluecas. Sifones irascibles, con extracto de mar. Rocas de pechos algosos de marinero y corazones pintados de escgrimista. Bandadas de gaviotas, que fingen el vuelo destrozado de un pedazo
    blanco de papel.

    ¡Y ante todo está el mar!









    Apunte callejero


    En la terraza de un café hay una familia gris. Pasan unos senos bizcos buscando una sonrisa sobre las mesas. El ruido de los automóviles destiñe las hojas de los árboles. En un quinto piso, alguien se crucifica al abrir de par en par una ventana.



    Pienso en dónde guardaré los quioscos, los faroles, los transeúntes, que se me entran por la pupilas. Me siento tan lleno que tengo miedo de estallar... Necesitaría dejar algún lastre sobre la vereda...





    Al llegar a una esquina, mi sombra se separa de mí, y de pronto, se arroja entre las ruedas de un tranvía.









    Exvoto


    Las chicas de Flores, tienen los ojos dulces, como las almendras azucaradas de la Confitería del Molino, y usan moños de seda que le liban las nalgas en un aleteo de mariposa.



    Las chicas de Flores, se pasean tomadas de los brazos, para transmitirse sus estremecimientos, y si alguien las mira en las pupilas, aprietan las piernas, de miedo de que el sexo se les caiga den la vereda.



    Al atardecer, todas ellas cuelgan sus pechos sin madurar del ramaje de hierro de los balcones, para que sus vestidos se empurpuren al sentirlas desnudas, y de noche, a remolque de sus mamás –empavesadas como fragatas- van a pasearse por la plaza, para que los hombres les eyaculen palabras al oído, y sus pezones fosforescentes se enciendan y se apaguen como luciérnagas.



    Las chicas de Flores, viven en la angustia de que las nalgas se les pudran, como manzanas que se ahn dejado pasar, y el deseo de los hombres las sofoca tanto, que a veces quisieran desembarazarse de él como de un corsé, ya que no tiene el coraje de cortarse el cuerpo a pedacitos y arrojárselo, a todos los que les pasan la vereda.

    Buenos aires, octubre de 1920











    Corso


    La banda de música le chasquea el lomo
    para que siga dando vueltas
    cloroformado bajo los antifaces
    con su olor a pomo y a sudor
    y su voz falsa
    y sus adioses de naufragio
    y su cabellera desgreñada de largas tiras de papel
    que los árboles le peinan al pasar
    junto al cordón de la vereda
    donde las gentes
    le tiran pequeños salvavidas de todos los colores
    mientras las chicas
    se sacan los senos de las batas
    para arrojárselos a las comparsas
    que espiritualizan
    en un suspiro de papel de seda
    su cansancio de querer ser feliz
    que apenas tiene fuerzas para llegar
    a la altura de las bombitas de luz eléctrica.

    Mar del Plata, febrero de 1921











    Otro nocturno


    La luna, como la esfera luminosa del reloj de un edificio público.



    ¡Faroles enfermos de ictericia! ¡Faroles con gorras de “apache”, que fuman un cigarrillo en las esquinas!



    ¡Canto humilde y humillado de los mingitorios cansados de cansar! ¡Y silencio de las estrellas, sobre el asfalto humedecido!



    ¿Por qué, a veces, sentiremos una tristeza parecida a la un par de medias tirado en un rincón?, y ¿por qué, a veces, nos interesará tanto el partido de pelota que el eco de nuestros pasos juega en la pared?



    Noches en las que nos disimulamos bajo la sombra de los árboles, de miedo de que las casas se despierten de pronto y nos vean pasar, y en las que el único consuelo es la seguridad de que nuestra cama nos espera, con las velas tendidas hacia un país mejor.



    París, julio de 1921







    Alhambra


    Los surtidores pulverizan
    una lasitud
    que apenas nos deja meditar
    con los poros, el cerebelo y la nariz.


    ¡Estanques de absintio
    en los que se remojan
    los encajes de piedra de los arcos!

    ¡Alcobas en las que adquiere la luz
    la dulzura y la voluptuosidad
    que adquiere la luz
    en una boca entreabierta de mujer!

    Con una locuacidad de Celestina,
    los guías
    conducen a las mujeres al harén,
    para que se ruboricen escuchando
    lo que las fuentes les cuentan al pasar,
    y para que, asomadas al Albaicín,
    se enfermen de “saudades”
    al oír la muzárabe canción,
    que todavía la ciudad
    sigue tocando con sordina.

    Cuellos y ademanes de mamboretá,
    las inglesas componen sus paletas
    con el gris de sus pupilas londinenses
    y la desesperación encarnada de ser vírgenes,
    y como si se miraran el espejo,
    reproducen,
    con exaltaciones de tarjeta postal,
    las estancias llenas de una nostalgia de cojines
    y de sombras violáceas, como ojeras.

    En el mirador de Lindaraja,
    los visitantes se estremecen al comprobar
    que las columnas
    tienen la blancura y el grosor
    de los brazos de la favorita,
    y en el departamento de los baños
    se suenan la nariz con el intento de catar
    ese olor a carne de odalisca,
    carne que tiene una consistencia y un sabor
    de pastilla de goma.

    ¡Persianas patinadas
    por todos los ojos
    que han mirado al través!

    ¡Paredes que bajo sus camisa de puntilla
    tienen treinta siete grados a la sombra!

    Decididamente
    cada vez que salimos
    del Alhambra
    es como si volviéramos
    de una cita de amor.

    Granada, marzo de 1923.















    De Persuación de los días




    ¡Azotadme!



    Aquí estoy,
    ¡Azotadme!
    Merezco que me azoten.

    No lamí la rompiente,
    la sombra de la vacas,
    las espinas,
    la lluvia;
    con fervor,
    durante años;
    descalzo,
    estremecido,
    absorto,
    iluminado.



    No me postré ante el barro,
    ante el misterio intacto
    del polen,
    de la calma,
    del gusano,
    del pasto;

    por timidez,
    por miedo,
    por pudor,
    por cansancio.

    No adoré los pesebres,
    las ventanas heridas,
    los ojos de los burros,
    los manzanos,
    el alba;
    sin restricción,
    de hinojos,
    entregado,
    desnudo,
    con los poros erectos,
    con los brazos al viento,
    delirante,
    sombrío;
    en comunión de espanto,
    de humildad,
    de ignorancia,
    como hubiera deseado...

    ¡como hubiera deseado!






    Tríptico


    I

    Tendido
    entre lo blanco,
    la vi.
    Se aproximaba.
    Las pupilas baldías,
    el cuerpo inhabitado,
    sin cabellos,
    sin labios, inasible,
    vacía;
    junto a mí
    a mi lado...
    ¡Toda hecha de nada!


    Se sentó.
    ¿Me esperaba?
    La miré.
    Me miraba.


    II
    Ya estaba entre sus brazos
    de soledad,
    y frío,
    acalladas las manos,
    las venas detenidas, sin un pliegue en los párpados,
    en la frente,
    en las sábanas;
    más allá de la angustia,
    desterrado del aire,
    en soledad callada,
    en vocación de polvo,
    de humareda,
    de olvido.

    III
    ¿Era yo,
    la voz muerta,
    los dientes de ceniza,
    sin brazos,
    bajo tierra,
    roído por la calma,
    entre turbias corrientes,
    de silencio,
    de barro?

    ¿Era yo,
    por el aire,
    ya lejos de mis huesos,
    la frente despoblada,
    sin memoria,
    ni perros,
    sobre tierras ausentes,
    apartado del tiempo,
    de la luz,
    de la sombra;
    tranquilo,
    transparente?











    Rata – Sirena –Faústica



    ¿Te molesta que roa tu techo,
    tu silencio?

    Pero dime
    -si puedes-
    ¿qué haces,
    allí,
    sentado,
    entre seres ficticios
    que en vez de carne y hueso
    tienen letras,
    acentos,
    consonantes,
    vocales?

    ¿Te halaga,
    te divierte
    que te miren,
    se acerquen,
    y den vueltas y vueltas
    antes de permitirles
    echarse,
    como un perro,
    en tus páginas yertas?

    Podrá tu pasatiempo ser harto inofensivo;
    pero alguien que posee los dientes más prolijos,
    más agrios que los míos,
    al elegir la víscera que ha de roerte un día
    -si es que ya no se aloja en una de tus venas-,
    torna estéril y absurdo
    ese fútil designio de escamotear la vida.

    Allí están las ventanas
    que te dan un pretexto
    para abrir bien los brazos.

    Asómate al marítimo
    bullicio de las calles.

    ¿No oyes una sirena que llama desde el puerto?






    Dietética



    Hay que ingerir distancia,
    lanudos nubarrones,
    secas parvas de siesta,
    arena sin historia,
    llanura,
    vizcacheras,
    caminos son tropillas,
    de nubes,
    de ladridos,
    de briosa polvareda.

    Hay que rumiar la yerba
    que sazonan las vacas
    con su orín,
    y sus colas;
    la tierra que se escapa
    bajo los alambrados,
    con su olor a chinita, a zorrino,
    a fogata,
    con sus huesos de fósil,
    de potro,
    de tapera,
    y sus largos mugidos
    y sus guampas, al aire,
    de molino,
    de toro...

    Hay que agarrar la tierra,
    calentita o helada,
    y comerla
    ¡comerla!




    Espantapájaros





    Gratitud



    Gracias aroma
    azul,
    fogata
    encelo.

    Gracias pelo
    caballo
    mandarino.

    Gracias pudor
    turquesa
    embrujo
    vela,
    llamarada
    quietud
    azar
    delirio.

    Gracias a los racimos
    a la tarde,
    a la sed
    al fervor
    a las arrugas,
    al silencio
    a los senos
    a la noche,
    a la danza
    a la lumbre
    a la espesura.

    Muchas gracias al humo
    A los microbios,
    al despertar
    al cuerno
    a la belleza,
    a la esponja
    a la duda
    a la semilla,
    a la sangre
    a los toros
    a la siesta.

    Gracias por la ebriedad,
    por vagancia,
    por el aire
    la piel
    las alamedas,
    por el absurdo de hoy
    y de mañana,
    desazón
    avidez
    calma
    alegría,
    nostalgia
    desamor
    ceniza
    llanto.

    Gracias a lo que nace,
    a lo que muere,
    a las uñas
    las alas
    las hormigas,
    los reflejos
    el viento
    la rompiente,
    el olvido
    los granos
    la locura.

    Muchas gracias gusano.
    Gracias huevo.
    Gracias fango,
    sonido.
    Gracias piedra.
    Muchas gracias por todo.
    Muchas gracias.

    Oliverio Girondo,
    Agradecido.

    ****************************

    Atardecer








    Íbamos entre cardos,

    por la huella.



    La vaca me seguía.



    No quise detenerme,

    darme vuelta.



    La tarde, resignada,

    se moría.



    Íbamos entre cardos,

    por la huella.



    Su sombra se mezclaba

    con la mía.



    Yo miraba los campos,

    también ella.



    La vaca resignada,................

    se moría.








    Aparición urbana




    ¿Surgió de bajo tierra?

    ¿Se desprendió del cielo?

    Estaba entre los ruidos,

    herido, malherido,

    inmóvil,

    en silencio,

    hincado ante la tarde,

    ante lo inevitable,

    las venas adheridas

    al espanto,

    al asfalto,

    con sus crenchas caídas,

    con sus ojos de santo,

    todo, todo desnudo,

    casi azul, de tan blanco.



    Hablaban de un caballo.

    Yo creo que era un ángel

    ------------------------------------------------------------------------------------

    Eso es todo amigos, que no es poco, espero que disfruten tanto como yo a esre ser fantastico, les recomiendo leer en voz alta, saboreando cada palabra como si de una calada se tratara, y dejarlas(a las palabras)jugar libremente en nuestras almas...
    aqui estoy.....renaciendo como Fenix
    maxxxz

    ...im a loser baby, so why dont you kill me!?...

  2. #2
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    QUE LINDO!!!!

    ME HAN QUEDADO LOS OJITOS ROJOS PERO QUE LINDO, QUE HERMOSO PARA RECORDAR LA BELLEZA DEL ALMA

    UN SALUDO, LA GLIFI
    paz y mucha paz

  3. #3
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    otra de maxx

    Girondo un petazo, perdon, digo, un poetazo, eso.

    en argentina hay grandes de las letras, y a mi tb me piace en particular ese girondo , me tre unos recuerdillos muy lindos, gracias max.

    otro dia pòngo yoalgodepoesia.

    "Sí, si fue ese día, pero no era este el lugar"...
    coito ergo sum.

  4. #4
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    Uffffff lo termine!!!, sabes una cosa, me ha gustado bastante este tio aunque es un poco guarrete, ¿no?

    Espero que todo vaya muy bien maxxxz y que esa felicidad que dices tener te dure eternamente (con sus altibajos pero siempre continua).

    Un saludo

    Rompe con tu personaje, interpretalo con estilo pero no te identifices con el.

  5. #5
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    hola buena gente, Hola Planto amigo....me alegro que les alla gustado, tal vez tan largo asustó.....se pueden leer solo algunitos, pero no se lo pierda, Planto, no. La felicidad que tengo no durara para siempre, por eso aprovecho pa disfrutarla hoy .....
    un abrazo amigos
    maxxxz

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