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ST TENERIFE

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    TENERIFE. Una cosa rara.
    La Sección 2ª de la Audiencia Provincial absuelve a José Antonio P. D. del delito contra la salud pública de que venía siendo acusado.

    ANTECEDENTES DE HECHO
    PRIMERO.-Se declaran probados los siguientes hechos:
    "Sobre las 22.00 horas del día 26 de julio de 1996 Agentes de la Policía ocuparon a Pedro Tomás L. H., cuando iba en el vehículo de José Alberto R. B. y conducido por este último, una bolsita conteniendo 0,1617 g de heroína con una riqueza del 38,72 por 100, y cuando ambos circulaban por un punto distante unos doscientos a cuatrocientos metros del domicilio del acusado en esta causa, José Antonio P. D., mayor de edad y sin antecedentes penales, sito en C/ República Argentina, núm. 57, esquina C/ El Pino, sin que resulte acreditado que dicho acusado y en dicho lugar haya sido la persona que vendió o por cualquier otro título realizó la entrega de dicha sustancia momentos antes. Practicado un registro domiciliario, legalmente autorizado, se ocupó una planta de marihuana, sin que resulte probado que perteneciera al acusado, ni que el destino de la misma fuese el de la venta o tráfico y no el autoconsumo".
    FUNDAMENTOS DE DERECHO
    UNICO.- Los hechos declarados probados no son legalmente constitutivos del delito contra la salud pública por el que acusa el Ministerio Fiscal, o al menos en lo que se refiere al acusado en esta causa, al no haber podido este Tribunal llegar al estado de certeza que se precisa para una condena penal de que el mismo fuese la persona que vendió o entregó la bolsita de droga a que se ha hecho referencia en el relato fáctico. Y ello porque ni de lo declarado por los testigos como supuestos compradores ante el Juez de Instrucción y menos aún en la vista oral, puede concluirse en los términos interesados por la acusación. Así, el testigo José Alberto R. ratifica que permaneció en el coche mientras su compañero fue a buscar la droga, no viendo dónde la adquirió ni quién haría la entrega. Tampoco la declaración del otro testigo, Pedro A., prestada ante el Juez de Instrucción y a la cual se dio lectura por su incomparecencia, arroja suficiente luz al respecto, pues es de lo más ambigua e inconcreta, compatible, además con el síndrome de abstinencia que entonces y, también al declarar en Comisaría padecía. Tampoco la declaración del Agente de Policía observador es concluyente al respecto, pues lo único que vio con toda claridad fue la entrega de dinero por uno de los compradores a una persona que se encontraba en la vivienda del acusado (en la que habitaban otras personas), a la que sólo pudo ver muy parcialmente llegando a suponer o creer, aunque no con absoluta seguridad, que la misma era el acusado, suponiendo igualmente que a cambio se entregaba droga por parecerle que el supuesto comprador recibía algo si a ello se añade que este último según el propio Agente, además de ser consumidor al igual que ha quedado demostrado que lo es el acusado ha de ser también pequeño traficante y por ello ya le consta una detención en sus antecedentes policiales, no puede concluirse que el mismo fuere al domicilio a comprar la droga que le fue ocupada.
    Finalmente, tampoco el hallazgo de una sola planta de marihuana en el domicilio del acusado supone que la misma estuviera destinada a la venta y no al autoconsumo, aparte de no resultar acreditado que la misma perteneciera al mismo y no a alguna otra de las personas que habitaban la vivienda. Y como del registro domiciliario tampoco resultó nada positivo en relación con la existencia de útiles empleados en la preparación de la droga para su venta, debe concluirse que al menos por el principio "in dubio pro reo" debe dictarse sentencia absolutoria.
    La minoría de personas que tienen problemas con una droga son puestos como ejemplo de lo mala que es, pero se pasa por alto a la mayoría que, consumiéndola, no los tiene. edhelday
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